Una nueva vida para la piscina de competición de Rio 2016
Algunas piscinas se construyen para un evento concreto. Otras están diseñadas para perdurar. La historia de la piscina olímpica de los Juegos de Río 2016 pertenece claramente a la segunda categoría. En 2026, esta emblemática piscina de competición comenzó un nuevo capítulo en el Parque Oeste Ana Gonzaga, en la Zona Oeste de Río de Janeiro, lo que supuso la culminación simbólica del programa del legado olímpico de la ciudad. Para Myrtha Pools, el proyecto representa la tercera reinstalación de las piscinas temporáneas utilizadas en Río 2016, tras las anteriores reubicaciones en Manaos y Pituba, Salvador de Bahía, todas ellas construidas originalmente para el Parque de los Atletas.
La piscina ahora instalada en el Parque Oeste proviene del antiguo Estadio Acuático Olímpico, donde se desarrollaron algunos de los momentos más memorables de los Juegos, incluidas las últimas carreras olímpicas de Michael Phelps y las célebres actuaciones paralímpicas de Clodoaldo Silva. Hoy, tras ser desmontada, transportada y reensamblada, la piscina conserva sus dimensiones oficiales de competición —50 x 25 metros, con una profundidad de 2 metros— y el mismo rendimiento técnico que en su día definió el escenario olímpico.
Lo que ha cambiado es su función. Ubicada en un parque urbano de 230 000 metros cuadrados, la piscina ahora es gestionada por el Departamento Municipal de Deportes y presta servicio a la comunidad local a diario. Ofrece una amplia gama de programas acuáticos, desde natación para bebés y clases para niños hasta cursos para adolescentes y adultos. Los fines de semana, las instalaciones también abren como espacio de ocio supervisado, ofreciendo a los residentes un entorno seguro e inclusivo para practicar deporte, cuidar su bienestar y socializar.
El proyecto Parque Oeste representa la última gran entrega del legado deportivo olímpico de Río, pero forma parte de un viaje más amplio y coherente.
Ya en 2017, una de las piscinas Myrtha utilizadas durante los Juegos se reinstaló en Manaos, en la Vila Olímpica de la ciudad. Donada a las autoridades locales y reactivada con unos costes logísticos limitados, la piscina olímpica se convirtió rápidamente en un catalizador para el desarrollo de los deportes acuáticos en la región, apoyando el entrenamiento y las competiciones de natación, waterpolo, natación artística y saltos.
Un año más tarde, en 2018, el legado llegó a Salvador de Bahía, donde la piscina se transformó en la pieza central de la Arena Aquática da Pituba. Con vistas a la costa atlántica, el recinto se convirtió en un centro acuático multifuncional, que combina el deporte de élite, la educación, los servicios de salud y el acceso público, un ejemplo de cómo la infraestructura olímpica puede integrarse perfectamente en la vida urbana cotidiana.
Tres ciudades. Tres contextos sociales y geográficos diferentes. Una visión compartida.
A través de las reinstalaciones en Manaos, Pituba y ahora Parque Oeste, Myrtha Pools demuestra cómo las sedes olímpicas temporales pueden reinventarse como instalaciones duraderas, sostenibles y accesibles. No son monumentos a un evento pasado, sino infraestructuras vivas, capaces de generar valor social, oportunidades deportivas y compromiso comunitario mucho después de que se haya entregado la última medalla.